La Europa de la competencia y la desigualdad

II.4. La Europa de la competencia y la desigualdad

Luego, el 12 de marzo 1985 para ser exactos, tuvo lugar el lanzamiento de la idea del mercado único "para el renacimiento de Europa". Y llegó el colapso. El mío. La mera perspectiva de un mercado común debía reactivar el empleo. No fue así. Europa era la tierra del bienestar. Sobrepasaron las cuarenta horas semanales. Había cuarenta millones de personas pobres. A cada uno se le daba el equivalente a un cigarrillo al año. Hicimos algunas preguntas precisas. Las puertas se cerraban. ¿Que bancos gestionaban las finanzas de la Comisión Europea? ¿Cinco? ¿A qué concurso de ofertas habían respondido? ¿A ninguno? ¿Por qué? No puedo decir nada. ¡La puerta! Mis conclusiones son, por decirlo eufemísticamente, interesantes. Sin eufemismos, yo diría que espantosas. Quiero abrir los ojos de aquellos que todavía creen que la Europa que se le fabrica es la Europa de que sus sueños: un continente de paz, democracia y justicia .

Gérard de Selys, periodista de la RTBF, en la Sección 3. Europa tal como es (1993)

 

Yo me crié en el pueblo de Sint-Antonius, en Kempen, al este de Amberes. Al lado de la panadería. Recientemente, se transformó en una especie de salón de té, como los que se puede encontrar en Austria. El año pasado, fue coronado con el título de la "mejor panadería de Flandes". En un muro lateral, al lado de la casa de mi madre, un cartel todavía muestra la prestigiosa denominación. En mi infancia, en el verano, me despertaba con el delicioso olor del pan recién horneado. Me encantaba ir a buscar el pan a la puerta de alado. En aquel momento, un pan grande costaba 15 francos belgas. Desde la introducción del euro en 2002, seguí haciendo la cuenta durante un largo tiempo: ¿2 euros por un pan? Son 80 francos, ¡maldita sea! Mi madre, siempre hace las cuentas en francos. En cuanto a mis hijos, sólo calculan en euros. La lira, la peseta, el dracma, el marco, no los han conocido. Yo les digo que el euro no ha existido siempre y, además, que tal vez tampoco perdure.

Porque, desde su fundación, la UE nunca había tenido tantos problemas. "Europa hace aguas", tuvo que reconocer uno de los diseñadores del mercado único, Jacques Delors. Las soluciones inventadas en la torre de marfil de la Unión Europea no son capaces de evitar la crisis.

"El objetivo esencial es la mejora de las condiciones de vida y de trabajo de su gente", declaraba el Tratado de Roma, el acta fundacional de la Comunidad Europea en 1975[1]. Pero en la vida real en el continente, las desigualdades son cada día más y más grandes, y la guerra de la competencia aspira todo el oxígeno de los pueblos de Europa. Casi sin aliento, viven y trabajan en beneficio de los gigantes industriales y financieros.

"Cada estado miembro de Europa tiene sus propias características, pero ninguno es totalmente inmune a la crisis sistémica que se desarrolla ante nuestros ojos, escribe el editor en jefe del semanario económico Trends. ¿Nunca has oído hablar de Catch 22? La crisis del euro y la deuda ahora se influyen mutuamente de manera descontrolada.[2]" ¿La crisis del euro? ¿Crisis de la deuda? Para saber de lo que está hablando, hay que remontarse a los tiempos de Robert Schuman.

 

El dúo de la "libertad" y la concentración

Sobre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial Robert Schuman, entonces ministro francés de Asuntos Exteriores, puso en marcha su gran plan. El carbón y el acero eran en aquel entonces las materias primas fundamentales para la reconstrucción del continente. Para garantizar el abastecimiento, la gestión de estos recursos debe ser transferida desde los gobiernos alemán, francés y otros y ser confiada a un organismo internacional que aún no se había creado: la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). Su bautizo tuvo lugar en 1952. "Europa no se hará en un solo paso, o en un solo plan: se hará gracias a realizaciones concretas, creando primero una solidaridad de hecho", declaraba Schuman[3]. Estados Unidos apoyó su proyecto. De este modo se mataban dos pájaros de un tiro. El Plan Schuman impidió que Alemania se convirtiese en una peligrosa potencia industrial, carente de acero o carbón disponible a voluntad, era imposible iniciar una guerra. Y, al mismo tiempo, el plan era un baluarte contra la amenaza del socialismo de Europa Oriental. Son los inicios de la Guerra Fría, con Paul-Henri Spaak, proclamando el Foro de las Naciones Unidas, "tenemos miedo". Europa iba a ser capitalista y era importante insertar sus cimientos en hormigón.

El Tratado de Roma, que marca el nacimiento de la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1957, tenía igualmente como fundamentos las "cuatro libertades": libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales. Por lo tanto, se decidió que el primer paso fuese la eliminación de los aranceles. "Un mercado interno sobre la base de estas libertades es el corazón de la Unión Europea en construcción," repite continuamente a día de hoy el Presidente de la Comisión, José Manuel Barroso[4].

La importancia de este "corazón" no se hizo clara hasta después de un proceso histórico. Porque Europa obviamente no siempre ha sido capitalista. En la Edad Media, la relación de los campesinos con la tierra era la base de la opresión feudal. El campesino a menudo conservaba su granja, pero estaba atado de pies y manos, como un siervo, teniendo que pagar impuestos a su señor, ya sea en forma de trabajo o de productos. La movilidad de las personas era mínima. Cada región, cada pueblo, vivía replegado sobre sí mismo.

Con la aparición de una nueva era en el siglo XV, se puso fin a la desintegración feudal, y con ella a la multitud de peajes e impuestos que beneficiaban a los aristócratas locales, obstaculizando el desarrollo del comercio. El oro y la plata, que provenían de las colonias americanas de los países ibéricos, se convirtieron en el medio universal de intercambio.

A partir del siglo XVIII, la revolución industrial y sus innovaciones tecnológicas - la máquina de hilar hidráulica, el telar mecánico, la máquina de vapor... – permitieron que la agricultura lograse importantes excedentes. Los agricultores fueron por lo tanto "liberados" de su relación con su tierra y sus señores. "Liberados" en su caso significaba perder sus parcelas. De esta manera la industria moderna tenía una mano de obra "libre” así como una reserva de mano de obra en busca de trabajo. Este ejército de reserva crece y permite ejercer presión sobre los salarios.

La nueva clase económica industrial y comercial, obstaculizada por barreras y aranceles, quería un mercado único, una sola ley, un órgano de poder.

A mediados del siglo XIX, Marx y Engels escribieron: "La burguesía suprime cada vez más el fraccionamiento de los medios de producción, de la propiedad y de la población. Ha aglomerado la población, centralizado los medios de producción y concentrado la propiedad en manos de unos pocos. La consecuencia obligada de ello es la centralización política. Las provincias independientes, ligadas entre si casi únicamente por lazos federales, con intereses, leyes, gobiernos y tarifas aduaneras diferentes han sido consolidadas en una sola nación, bajo un solo Gobierno, una sola ley, un solo interés nacional de clase y una sola línea aduanera.»[5]

En los siglos XVIII y XIX, los estados-nación aparecieron a lo largo y ancho del continente. La política se centralizó en un Estado nacional. Éste abole los privilegios feudales y prohíbe los diezmos y otros impuestos que afectan a la libre circulación de mercancías. Cada Estado-nación tiene sus propias tarifas nacionales para proteger sus mercados internos frente a las importaciones. En cada Estado-nación, el poder político central defendía los intereses de sus propias fábricas capitalistas en el escenario internacional.

El enorme crecimiento de estas plantas y el proceso sorprendentemente rápido de concentración de la producción en grandes entidades generó, en el siglo XX, monopolios que controlaban determinadas ramas de la industria. En la Deutsche Vereinigte Stahlwerke, doscientos mil hombres trabajaban para un mismo jefe.

Pero, rápidamente, ser la industria más grande del país no era suficiente. Fusiones, cártels y compra de fábricas llevaron a enormes concentraciones en las empresas transnacionales. Estas 'multinacionales' luchaban a escala mundial por el poder y los sectores del mercado. En la segunda mitad del siglo XX, los pequeños países del mosaico europeo representaban un obstáculo cada vez mayor. Diferentes tasas arancelarias en cada estado de Europa, diferentes reglamentos para las importaciones y exportaciones, distintas monedas con sus tipos de cambio permanentemente fluctuantes..., hacían todavía más difícil la libre circulación y aumentaban los cargos y los riesgos comerciales. Los primeros grandes capitalistas fueron capaces de romper las trabas feudales para imponer, a nivel nacional, la libre circulación de capitales, bienes y personas. Al igual que ellos, en la segunda mitad del siglo XX, los líderes de las grandes empresas quisieron, aboliendo las características específicas reguladoras de los países de la UE, extender esta libertad económica a escala europea, al considerar el nivel nacional demasiado estrecho. Esta ampliación reforzará su posición en una competencia que se ha vuelto global.

Desde 1973, la crisis ha sacudido a toda la economía. Para ampliar sus ganancias, los monopolios querían que los bienes y servicios públicos (y por lo tanto protegidos) se transfiriesen al mercado. Así, Margaret Thatcher, la Dama de Hierro, la Primera ministra británica desde 1979 hasta 1990, golpeó a los sindicatos con toda su fuerza, y la ideología neoliberal se abatió sobre el mundo para proclamar a los cuatro vientos que el poder del Estado era demasiado grande, que se extendía a demasiadas áreas. Más espacio para los accionistas, esa era la clave. Mientras tanto, Europa se deshacía de sectores tradicionales: minería, siderurgia, vidrio, y astilleros - aunque el carbón y el acero fueran, unas décadas antes, el lugar de nacimiento de la primera integración europea. Las empresas monopólicas se extendieron aún más mediante reestructuraciones y fusiones. Diez años más tarde, un nuevo camino estaba abierto.

 

La Europa de la competencia

La investigación de esta nueva vía fue impulsada por la voluntad de superar la supremacía de EE.UU. y la de seguir su propio curso. Estados Unidos disfrutaban en ese momento de un mercado interior de 280 millones de consumidores, en los que las multinacionales estadounidenses hacían el 68,4% de las ventas, 21 de los 28 millones de puestos de trabajo de estos gigantes americanos se mantenían dentro del país. "Queremos iniciar una guerra de competencia con los Estados Unidos", declararon la mayoría de las 253 multinacionales europeas que figuraban entre las 1.000 mayores empresas industriales del mundo[6].

Una nueva organización tomó el control de esta vía europea. Los directores ejecutivosdel Grupo de Volvo y de Philips, empresas altamente desarrolladas a nivel internacional, tomaron la iniciativa. Por supuesto, Volvo y Philips mantenían su sede en Suecia y en los Países Bajos, respectivamente, pero estos países resultaron ser demasiado pequeños en la escena internacional y sus estados nacionales demasiado débiles para defender sus intereses. Un gran Estado europeo, garante de las cuatro libertades en todo el continente, podría mejorar su fuerza de ataque de manera decisiva. Esta gran Europa, con un mercado interno de 300 millones de consumidores, obviamente ofrecía muchas más oportunidades que sólo los mercados sueco y holandés. Pehr Gyllenhammar, presidente de Volvo, y Wisse Dekker de Philips, lo veían muy grande. En abril de 1983, reúnen a veinte líderes de negocios en Bruselas, y se funda un nuevo club: la Mesa Redonda Europea de Industriales (ERT, European Round Table). Estaban decididos a cambiar la faz de Europa, destinada a convertirse en una sola gran nación, en un mercado plenamente integrado, donde la producción y el comercio serían completamente "libres", con un "dejar hacer" y "dejar partir" sin límites. Sobre esta base se instituyó en 1993, la Comunidad Europea (CE) – ahora, desde 2009, oficialmente es la Unión Europea - tomando el relevo de la Comunidad Económica Europea (CEE), fundada en 1957.

Mucho más tarde, Keith Richardson, entonces secretario general de la mesa redonda fue dar a conocer la estrategia de esta famosa Mesa Redonda: "Para el equipo de expertos, un influyente grupo de presión europeo cuyo objetivo era "aumentar la competitividad global de la industria europea", la clave fue siempre la de relacionar a quienes toman las decisiones económicas y políticas al más alto nivel, y la discusión cara a cara, representó el mejor método, más eficaz que todos los demás. Los acontecimientos más importantes fueron los encuentros -solo o con algunos colegas- con el Presidente de la Comisión Europea y los líderes del gobierno, especialmente los de la presidencia de la Unión Europea. »[7]

Durante estos años, Jacques Delors era el presidente de la Comisión Europea. Era todo oídos a las aspiraciones expresadas por Gyllenhammar Dekker y otros "caballeros" de la mesa redonda. En 1985 se puso en marcha el gran proyecto "Europa 1992", que iba a barrer los últimos obstáculos a la libre circulación de bienes, capitales, servicios y personas. Para ir rápido, Jacques Delors aprobó entonces, en 1986, el Acta Única Europea, que dio más poder a la Comisión y restringió el derecho de veto de los Estados miembros.

 

Maastricht y la Europa de las desigualdades

En 1987, la European Round Table acentúa el lobbismo a favor de una unión monetaria, martilleando constantemente esta idea en el mundo político: "Japón y los Estados Unidos tienen su propia moneda. ¿Cómo podía funcionar la Comunidad Europea con doce monedas diferentes? »[8] El cálculo era el siguiente: a través de una moneda europea, una unión monetaria y la gestión común de la misma, también les era posible armonizar los precios, tasas de interés, presupuestos y salarios de los estados miembros. Lo que por supuesto  requería una autoridad política fuerte, una suerte de gobierno europeo.

Durante la fiesta del primero de mayo del PTB, en 1989, en el campus de la VUB (Universidad Libre de Flandes, Bruselas), Ludo Martens, presidente del PTB en la época, ya advertía: "la Europa del mercado único es una creación exclusiva de doscientas multinacionales que ya llevan a cabo actualmente un tercio de sus ventas en Europa y cuya producción en masa hizo estallar las fronteras nacionales. El mercado único ofrece la libertad a los monopolios de buscar, en cualquier parte de Europa, las condiciones óptimas de explotación. Fabrimetal ya nos habla de "la atracción de los países de bajos salarios." En la guerra económica con sus homólogos estadounidenses y japoneses, los trabajadores europeos son quienes pagarán con su trabajo y su salud. Sobre su bandera azul, la Europa del gran capital coloca las estrellas de la intensificación de la explotación, la flexibilidad y el desempleo. La Europa del mercado único agravará todos los problemas que sufre de la población de nuestro país. »[9]

Esta visión ha sido barrida por la prensa: mirar a estos marxistas, siempre con su aire serio, analizándolo todo en términos económicos... Hay mucho que decir sobre este aire "serio". El PTB estaba todavía bien lejos, en aquel entonces, de hacer sus campañas de patatas gratuitas y narices rojas, o de llevar a cabo acciones como la de una proyección láser en las torres de refrigeración de Electrabel (exigiendo la reducción de la tasa del IVA sobre la energía). Pero, en cuanto al fondo, vale la pena, veinte años después, volver a leer las opiniones de Ludo Martens.

Después de cinco años, el mundo político había logrado a poner en  práctica las propuestas de la mesa redonda. En febrero de 1992 en Maastricht, doce jefes de estado rebautizan la Comunidad Económica Europea en Comunidad Europea. En un golpe de mano, las competencias de la futura Unión fueron ampliadas, dando a las instituciones europeas el poder de determinar la política en muchas áreas. Europa es ahora más que una simple cuestión de colaboración económica. La Unión se basaría en tres pilares. El primero, el de la economía, construir, a diez años vista, un gran mercado único, que esté coronado por una unión monetaria. El segundo sería buscar una política exterior común. En el tercero, los servicios policial y judicial colaborarían en estrecha colaboración. Estos tres pilares son la base de una mayor integración. Y, al final de "Maastricht", figuraba una moneda única, el euro.

La perspectiva del euro no sólo sorprendió a mi madre. Muchos economistas se han preguntado cómo juntar economías fuertes y débiles bajo un mismo paraguas europeo. En Portugal, España y Grecia, el PIB per cápita era sólo la mitad de la media europea. En el norte de Europa, los salarios eran hasta cuatro veces mayores que en el sur. Estas tensiones, ahora gentilmente llamadas "desequilibrios" son innatas en Europa desde las primeras etapas de integración, en la década de 1950. Sin embargo, aseguraba a la élite europea, aplacaremos todas estas diferencias. Lo que acabaría pasando, pero pasando por encima de estos países con una aplanadora. Esto es lo que se denomina "convergencia”. En Maastricht, se puso en marcha un "plan de convergencia": la deuda pública de cada país debe ser reducida al 60% de su PIB, el déficit fiscal a menos de 3% y la inflación debe estar bajo control. Esta normas de convergencia es lo que se conoce como los "criterios de Maastricht".

Una unión monetaria requiere, por supuesto, un banco central para garantizar la circulación de la moneda común y la política monetaria. De acuerdo con la tradición monetaria alemana, a esas voluntades se añadió la de tratar el euro como una moneda "no política" (sic), la moneda debe ser inmunizada contra "cualquier influencia del gobierno, de intereses de los partidos políticos y toda consideración electoral"[10]. En este sentido, el marco alemán y su gestión por el banco central alemán, el Bundesbank, fueron considerados como el modelo a seguir.

Bajo este punto de vista, compartido por todos los monetaristas ultraconservadores, era necesario por tanto que el banco central esté por encima de todas influencia y de cualquier opción política. En otras palabras, el banco sería sólo un instituto técnico, sin más tarea que garantizar una moneda fuerte y estable. El banco tenía que asegurarse que los precios no llegasen a ser incontrolables, porque la inflación provocaría la devaluación monetaria. El banco podría mantener el control sobre los precios prestando dinero más caro o más barato, mediante la subida o bajada de sus propias tasas de interés, llamadas "rectoras".

El impacto de esta política monetaria es muy importante. Los grandes problemas económicos, sociales y ecológicos no pueden, según los monetaristas, tener influencia alguna en la gestión del dinero. Con esta perspectiva, está totalmente excluidas las transferencias financieras y que los países exportadores fuertes ayuden a otros países.

Esta visión neoliberal -¿Cómo podía ser de otra manera? – fue tallada a la medida de la mayor potencia económica europea, Alemania. Así el ex presidente del Bundesbank, Karl Otto Pohl, fue un hombre feliz con el nacimiento del Banco Central Europeo (BCE), fundado en Frankfurt en 1998 "el Bundesbank ha hecho de la moneda más fuerte, el verdadero valor de referencia. »[11]

 

El advenimiento de la "euro-foria"

11 de diciembre 1993, Gran Palacio del Pasaje 44, en el corazón de Bruselas. Armado con unos auriculares de traducción y una gran curiosidad, asisto al euro-stop, una Cumbre organizada por el PTB, en oposición a la gran cumbre europea de ese día. Los numerosos participantes se expresan en unos catorce idiomas: sindicalistas, abogados, profesores, miembros del Parlamento Europeo. El precio de entrada del euro-stop todavía está en francos belgas: 50 francos belgas, si mal no recuerdo, programa detallado del curso incluido.

Al final del año, Bélgica vive la agonía del gran movimiento huelguístico contra el plan general del gobierno socialista-social-cristiano Dehaene I, elaborado para cumplir con las famosas "normas de convergencia" de Maastricht. De hecho, a principios de 1993, sólo dos países -los más pequeños- cumplen con estos objetivos: Irlanda y Luxemburgo. Los Países Bajos y Alemania se quedan muy cerca. Sin embargo, Bélgica, Francia, Dinamarca, España, el Reino Unido, Italia y Portugal deben imponer duras restricciones sociales. Más tarde, en Atenas, tras la introducción del euro como forma de pago, se trucarán sus estadísticas con el fin de unirse al club, como describimos anteriormente. Los gobiernos de Francia e Italia tampoco son del todo inocentes en este tipo de manipulaciones. París, por ejemplo, extrajo un enorme déficit presupuestario y lo atribuyó a un fondo de pensiones formalmente independiente[12]. Pero nadie quiere pelear con París.

El Plan Integral del Gobierno Dehaene-Moureaux quiere reformar la incorporación de la inflación a los salarios, que rebautiza con el eufemismo del "índice de salud" (eliminando los carburantes de los productos considerados por el índice), impone una congelación de los salarios durante tres años e instaura reducciones en el gasto en seguridad social. A principios de octubre, el sector textil está en crisis y al final del mes, 75.000 personas se manifiestan en Bruselas acudiendo a la convocatoria de la FGTB. Seguirán una sucesión de acciones de un frente común sindical, que tendrá un importante eco en todas las áreas del país. Los piquetes de huelga acamparon delante de los polígonos industriales, y la jornada de acción del 26 de noviembre 1993 será una de las mayores huelgas generales de nuestra historia social. Pero la presión de la CVP (el antecesor del CD & V) y del PS sobre los sindicatos es muy fuerte y, en diciembre, el impulso se rompió. Justo antes de Navidad, el Parlamento aprobó con la cuarta marcha puesta, el Plan General, con la aprobación de todos los diputados socialdemócratas, a ambos lados de la frontera lingüística. Las "reglas de Maastricht" recortarán de los bolsillos de los ciudadanos de a pie una considerable suma.

El PTB es en ese momento el único partido del país, que rechaza rotundamente los planes de la Unión Europea. El iniciador del euro-stop no se anda por las ramas, "los grandes jefes europeos necesitan una infraestructura y una superestructura para llevar a cabo su guerra económica contra Japón y los Estados Unidos. Esa es la motivación fundamental del Tratado de Maastricht y de la introducción de la unión monetaria. Europa quiere reforzar su fuerza de ataque bajo el escudo y el control de Alemania, la mayor potencia económica europea.[13]»

Después de ocho años de política a base de fórceps para alcanzar los estándares de Maastricht, el 1 de enero de 2002, Bélgica cruzó la línea de meta. El euro es la moneda de todos los ciudadanos de la UE. ¡Día de fiesta en Bruselas! El terreno estaba bien preparado, el stablishment europeo ha sudado la camiseta arando los campos y plantando los retoños de un nuevo nacionalismo. En el nacimiento de estados como Francia, Italia y Alemania, que trazan una línea en el mapa por encima de las fragmentadas regiones medieval, la unificación se acompañó de la aparición de una nueva historia cultural. De hecho, una nación digna de ese nombre debe tener una identidad, ¿no? Y hete aquí una hermosa bandera, una historia verdaderamente popular. ¿Y por qué no reescribir una versión de esta nueva historia, que demuestre que casi todas estas naciones han existido siempre, a pesar de que los ignorantes no se hayan dado cuenta? El nacionalismo había nacido. La Unión Europea iba a copiar el proceso que ya había sido ensayado: bandera, himno, identidad común de la gente, la historia revisitada... ¡Y venga! Con un golpe de varita mágica, el continente del colonialismo, la esclavitud y las dos guerras mundiales se convirtió en el símbolo de la paz universal. El chovinismo europeo había nacido, lo que merecía un buen redoble de tambor.

La euforia de "la mayor operación de conversión en la historia humana" se ha convertido gradualmente la "euro-foria". En Francia y en otros lugares, "euro-instructores" enseñan a las personas mayores la forma de pagar en euros, la nueva moneda milagro. Un club de inversión es llevado a la pila bautismal. Una campaña sin precedentes resuena en todo el continente. Con el euro, estamos entrando en una nueva era de la democracia y la paz, predecían. En cuanto a la moneda común, aplanaría los desequilibrios entre los Estados miembros. Euro-foria en todas las plantas.

Durante la tan esperada llegada del euro, con sonidos de campanas, fuegos artificiales y champaña, los comerciantes y distribuidores se frotaban las manos para "redondear" los precios hacia arriba. Por lo tanto, el delicioso café expreso italiano bien fuerte, cuyo precio de 1.500 liras era una institución, se ha disparado en euros. Lo mismo suceden en los servicios postales y en el transporte público, "para evitar pequeñeces con las piezas pequeñas." Incluso el Vaticano, tras acuñar una moneda con la efigie de Juan Pablo II, no mostró excesiva Euro-misericordia. El coste de un funeral se ha incrementado en un 29%, y una hermosa misa, con música de órgano, se "redondea" a 270 euros, los enlutados tienen que pagar un 16% más. Pero el golpe más duro tuvo que ser pagado por el ama de casa.

 

La trampa de la Unión Europea

Entre 2002 y 2008, al parecer, no hay nubes en el horizonte: el euro sube con valentía frente al dólar. Sin embargo, aunque pase casi desapercibida, hay amenaza de tormenta en el sur de Europa.

Y eso por dos grandes razones.  En primer lugar, tenemos que regresar a Alemania. Con la introducción del euro a imagen y semejanza del marco alemán, este país es el gran ganador en la operación. Una moneda estable, sin riesgo alguno de fluctuación de los precios, un gran mercado interior… ¿Qué mas puede soñar una gran potencia exportadora? “Bajos salarios”, clama el gobierno Schröeder, uniendo el gesto a la palabra –algo que ya tratamos largamente. Los productos alemanes son de esta manera más baratos y su exportación está en pleno apogeo, principalmente en el interior de la Unión Europea.

En 2006, la ayuda total de los estados a las empresas de la Unión Europea se eleva a 66.700 millones de euros. Las multinacionales alemanas se embolsan varios miles de millones obtenidos del dinero de los contribuyentes. Ningún otro país de la Unión Europea subsidia tanto a sus empresas: en 2006, el estado alemán liberó no menos de 20.200 millones de euros para sostener a sus empresas, el Eliseo, por su parte “solo” concede 10.400 millones a las empresas francesas. Italia 5.500 millones y el Reino Unido 4.200 millones. Estas enormes cantidades evidentemente refuerzan nuevamente las desigualdades en las capacidades de competencia.[14]

En el lado sur, se produce lo contrario – y es la segunda razón de los truenos que anuncian la tormenta del euro en el año 2008. En el mercado abierto de la Unión, los países del sur no disponen de los medios necesarios para competir con las empresas mucho más fuertes de los países grandes. Su economía está sufriendo severamente en su capacidad competitiva, y sus exportaciones caen considerablemente. Resultado: un creciente déficit en la balanza comercial. Se importa más de lo que exporta, y la riqueza del país vuela al extranjero. Antes, con su divisa propia, el país en cuestión podía restablecer el equilibrio mediante la devaluación de la moneda, lo que tenía un impacto en las exportaciones: sus productos se abarataban en el extranjero, al contrario que las importaciones. Sin embargo, para países como Grecia, Portugal o Italia, la llegada del euro bloqueó este recurso. En efecto, la devaluación ofrece - temporalmente - una ventaja competitiva para el estado que la aplica. Si Italia puede devaluar su moneda, la compra de un Volkswagen costaría más a un italiano, mientras que para un alemán, la adquisición de un Fiat sería más barata. Doble pérdida, por lo tanto, para la multinacional alemana. El poder establecido germano dejó bien cerrada por tanto la puerta de la potencial devaluación.

Los países del Sur tienen menos oportunidades de consagrar presupuestos para estimular sus economías, debido a que los gastos adicionales son bloqueados por las "normas de convergencia."

Años antes de la introducción del euro, una serie de economistas ya habían llamado la atención sobre esta trampa, "los países que entrarán en la zona euro perderán instrumentos muy importantes de su poder de decisión en materia macroeconómica. […] dentro de la unión monetaria la adaptación de los tipos de cambio van a desaparecer con la llegada del euro. Y como las tasas de interés serán prácticamente iguales en todas partes, los países sólo dispondrán de un instrumento para hacer frente a las crisis económicas: los gastos del Estado. Volvemos al punto de partida, ya que es precisamente este último instrumento que está bloqueado por las normas de convergencia." Es lo que escribían 70 destacados economistas antes de la implantación del euro, concluyendo: "la gestión de un país depende de las circunstancias económicas. Y todavía hay muchas diferencias estructurales entre los estados miembro. Los requisitos de la Unión Monetaria Europea son arbitrarios y no reflejan estas diferencias. Estas normas no representan ninguna garantía para una convergencia real.»[15]

Los países del Sur habían caído en una trampa. Con la ampliación de los países de la Unión Europea hacia el Este en 2004 y 2007, nuevamente tuvieron que volver a pagar la factura. De hecho, esta expansión ha agudizado aún más los cuchillos de la competencia mutua. Para las empresas alemanas, la entrada de Polonia, la República Checa, Hungría y Eslovaquia en 2004 fue un excelente negocio. Alemania es sin duda el mayor inversor en estos países, por ejemplo, con su implantación en el sector textil en Polonia y en el mecánico en la República Checa. Sin embargo, para los Estados miembros meridionales, fue una tragedia. De pronto desembarcaron en la UE países con un nivel de desarrollo comparable, pero con salarios mucho más bajos y sistemas sociales mucho más débiles, pues la transición al capitalismo los había reducido casi a la nada. Y hete aquí que ahora había que contar con un tipo adicional de competencia. Bulgaria, por ejemplo, es vecina de Grecia. Muchas empresas griegas aprovecharon la oportunidad para cruzar la frontera.                           

¡No pasa nada!, se replica. La máxima del famoso futbolista holandés Johan Cruyff era la protagonista: "Cada inconveniente tiene su ventaja." ¿Qué ventaja? El euro facilita el endeudamiento con el exterior. Acto seguido los bancos alemanes, franceses y belgas abrieron las compuertas. Por lo tanto, la deuda externa de los países del eje sur inició un ascenso gradual hacia alturas desconocidas... iniciando la cuenta atrás de una bomba de relojería en estos países. El paso al euro bajó las tasas de interés en los países del sur, al igualarse con el nivel alemán. En estos países, sin embargo, la inflación era más alta. La combinación de bajas tasas de interés y una alta inflación hizo que los préstamos fuesen muy ventajosos. Invertir en oficinas y casas con estos préstamos se volvió particularmente ventajoso. Un negocio de oro para los promotores inmobiliarios, y aún más para los bancos. En España, en otros países del sur, en Irlanda y en los países bálticos, el sector de la construcción se disparó – llegando a doblar el crecimiento de la media europea. Una cuarta parte de trabajo español se localizaba en el sector inmobiliario. Esta burbuja de la vivienda y este crecimiento artificial, tarde o temprano conducirán a una crisis bancaria.

La baja capacidad de exportación combinada con la burbuja del sector inmobiliario  empezaron a asfixiar a estos países: no hay desarrollo económico en la industria o en la agricultura. Cuando las tasas de interés comenzaron a subir, los problemas se acumularon. Primero en los hogares, luego en los bancos y, por último, en los países que tapaban los agujeros de los bancos.

Durante la crisis bancaria de 2008, la élite europea aún parecía poder mirar mirar al Tío Sam por encima del hombro, mirar a estos Yankees con sus enormes burbujas inmobiliaria e hipotecaria. "El euro es confiable y estable. La crisis no tendrá ningún impacto en nuestra moneda ", dijo Jean-Claude Trichet, el gran jefe del Banco Central Europeo, 2008.[16]Sin embargo, los bancos europeos no eran para nada estables y uno tras otro, se vieron atrapados en los pantanos de la crisis crediticia. O al menos casi todos, porque el gobierno rescató a los que estaban gangrenados por la especulación inconsiderada de sus dirigentes. Resultado: un tremendo golpe en el mentón de los países más débiles, ahora al borde de la quiebra, con una montaña de déficit y una deuda pública en aumento.

Las desigualdades en la UE se proyectaron a años luz de reequilibrio previsto por los hombres de Maastricht. Muy al contrario, crecieron de manera exponencial. Los países exportadores más ricos de Europa central se han beneficiado de las compras de los países importadores meridionales. La industria del Mediterráneo fue barrida del mapa de la competencia. En su lugar: un inflado sector inmobiliario, un sector turístico fuerte y la infraestructura necesaria para la importación de mercancías: carreteras y ferrocarriles.

Hoy en día, toda la operación de la unión monetaria está en decadencia. La crisis de la deuda ha eliminado sin piedad la cortina azul de prestigio de la Unión, y el rey está desnudo. El euro lejos de ser estable, escondía un cartucho de dinamita incontrolado. La crisis de la deuda pública y la del euro se enfrentan como luchadores de sumo y llevan a la UE cada vez más lejos en el abismo.

 

El euro, una moneda fundida en el níquel de la competencia

Menos de diez años después de la euro-foria, uno de cada seis europeos vive en situación de pobreza: 84 millones de personas. Entre ellos, 20 millones de niños. En España, el 44% de los jóvenes están desempleados, en Grecia, el 43,1%. Cada vez más personas con puestos de trabajo caen igualmente en la pobreza, son los working poors. Y, mientras los líderes de opinión discuten a la hora del té la diferencia entre manifestantes frustrados y manifestantes criminales, los barrios populares de Londres arden.

Al mismo tiempo, el número de millonarios en Europa está aumentando. En 2010, su número aumentó en un 6,3%. Ahora son 3,1 millones, nadando en montañas de millones y millones de dólares[17]. Un impuesto de sólo un 2% sobre la fortuna reportaría miles de millones, más que suficiente para que todo el mundo tenga una buena educación, las pensiones y atención sanitaria adecuadas.

Teniendo en cuenta las disparidades entre los niveles de desarrollo, una unión económica sólo funcionará si hay transferencias de sus regiones más ricas a las menos desarrolladas. Es un elemento esencial de toda sociedad democrática. Durante años, el Norte-Paso de Calais, como rica región minera, dio mucho a la economía francesa. Ahora es el momento de que la región reciba. Con nosotros pasó lo mismo con el rico cinturón de mineral del que nuestro país tomó su riqueza durante más de un siglo: de Lieja al Borinage, de Charleroi a la Louvière. Incluso en Estados Unidos, los poderes centrales pueden, a través de la Reserva Federal, el banco central americano, efectuar transferencias entre Estados, como un factor de estabilidad. Sin embargo, para el fundamentalismo monetarista del Banco Central y la Comisión Europea, las transferencias eran (hasta hace poco) la más grande de las blasfemias. Con el "sálvese quien pueda y el Dios dinero para todos nosotros," los distintos Estados miembros de la Unión se enfrentaron unos a otros fríamente y sin piedad. Prácticamente no existen mecanismos de apoyo y de compensación para apoyar a los países, por ejemplo en el campo de la infraestructura y el desarrollo de políticas industriales propias. Todo está tallado a la medida de los países exportadores más fuertes. Es la Unión de los ganadores.

En Europa, los Estados miembros no pueden pedir prestado al Banco Central Europeo, sólo tienen ese derecho los bancos privados. Los gobiernos deben llamar a la puerta de los bancos privados para pedir prestado y, por tanto, deben pagar desde un 4 hasta un 11% de interés, mientras que esos mismos bancos pueden pedir prestado al BCE a tan solo el 1%.

El euro no fue creado con el objetivo de desarrollar una colaboración armoniosa entre los países, promover la industria y la agricultura nacional y regional, crear puestos de trabajo sólidos, enfrentar a los desafíos ecológicos de manera sostenible, construir unos modernos servicios colectivos. El euro, desde su concepción, es una moneda fundida en el níquel de la competencia. Desde el principio, hemos optado por esta competencia con otras grandes potencias, en el primer lugar con Estados Unidos y Japón - pero también con los países del interior de Europa. "Los europeos y la industria europea quieren que sus líderes hagan oír su voz en los asuntos mundiales", profesaron los dirigentes de empresa que se reunieron en torno a la Mesa Redonda Europea de 1991[18].


La Unión Europea totalmente bloqueada

Alemania aún elogia a una zona euro creada a su imagen y semejanza. ¿La moraleja? Los virtuosos y ahorradores ciudadanos y los gobiernos del norte son ejemplares, más "correctos" que estos derrochadores del sur. El profesor Jan Luiten van Zanden, secretario general de la Asociación Internacional de Historia Económica, es de otra opinión. Para él, esa afirmación es una ilusión populista autoproclamada "norte y sur son las dos caras de una misma moneda. Alemania sólo puede ejercer tan potentemente su potencia competitiva debido a que hay otros países - España, Irlanda, Grecia ... – en los que la posición competitiva se vio severamente debilitada por el desarrollo en Europa. En definitiva, nos encontramos en dificultades muy serias: no a causa de errores morales u de otro tipo en el Sur, si no debido a la lógica del euro, esta moneda que se suponía que debía traer unidad allí donde los sistemas socio-políticos no se habían acercado lo suficiente.[19]"

Los Estados miembros de la Unión Europea se agotan en la carrera diabólica de la competitividad. Una lucha sin cuartel por obtener mayores cuotas de mercado a expensas de los demás. Una carrera cuyo único leit motiv es aumentar la exportación. Lo que obliga a que otras regiones se adapten, sean competitivas y, por tanto, a que proporcionen trabajo más barato y cada vez más intensivo. En esta batalla desenfrenada, Alemania ha llegado a la cima a través de la Agenda 2010 y sus reformas Hartz V, desarrollando un sector de bajos salarios para arramplar (prácticamente) con todo delante de las narices de los otros. Y ahora trabaja para imponer su receta en toda la Unión Europea. Sin embargo "los drásticos recortes que se están realizando en los gastos son como esos remedios de los médicos medievales, que pretendían curar a los enfermos desangrándolos. Resultado: su salud empeoraba día a día ", escribía el americano Paul Krugman, laureado Premio Nobel de Economía en 2008.

Pero tanto va el cántaro a la fuente que al final se acaba rompiendo. Pues, ¿que pasará si todo el mundo quiere subirse al podio del Campeonato de exportación mediante la reducción de los salarios? "No hay futuro si otros países europeos adoptan el modelo alemán. Por razones sociales y morales, es posible operar de una manera diferente a la de este "modelo" de desigualdad en los ingresos. Pero el problema es más profundo: si todo el mundo toca la misma sintonía, simplemente no puede funcionar", afirma Karl Brenke, del Instituto Alemán de Investigaciones Económicas[20]. ¡Lo podemos decir más alto pero no más claro! Tres cuartas partes de las exportaciones de la UE tienen como destino otros países miembros de la Unión Europea. Si los ingresos están disminuyendo en todas partes, la gente, obviamente, tendrá menos poder adquisitivo. ¿Qué podemos hacer? ¿seguir luchando a la conquista del sur y el este, y aplastar lo que les queda del potencial de competencia? Este escenario conduce a una espiral de aumento del desempleo, reducción de poder adquisitivo y, en consecuencia, reduce las oportunidades para los países exportadores. Esta guerra termina en un punto muerto. El procedimiento está condenado al fracaso. De la prometida fuente de prosperidad europea no quedan más que las gotas de la ilusión.


La idolatría de los mercados

Yo quería escribir "mientras los políticos continúen su carrera por los mercados..." Pero me equivoco. Es mucho peor. No corren detrás de los mercados, se arrodillan para idolatrarlos, ofrecen sacrificios a estos nuevos dioses a los que toman por fuerzas incontrolables de la naturaleza, a los que debemos apaciguar con ofrendas. Después de cada cumbre europea, la misma angustia en sus ojos: ¿cómo van a reaccionar los mercados? ¿hemos podido tranquilizarles? En su altar, ayer inmolamos a los griegos y hoy, a italianos y portugueses. ¿Será nuestro turno mañana?

En realidad, nada puede satisfacer estos ogros divinos. Mientras Europa yazca en la competencia, mientras los mercados y los especuladores tengan carta blanca, el apetito del becerro de oro crecerá y con él la desigualdad. Necesitamos un giro de 180 grados para dirigirse hacia una Europa basada en la cooperación y la solidaridad.

Hace cien mil años, cuando la vida se regía totalmente por las fuerzas de la naturaleza, el nacimiento, las enfermedades, los desastres, la muerte, y también la lluvia, la nieve y el sol se atribuían a fuerzas que escapaban a nuestro control: los dioses. Igual que estos seres humanos tan distantes que, durante los períodos críticos, ofrecían sacrificios por los dioses con el fin de obtener sus favores, nuestras brujas modernas imploran a los mercados financieros y les ofrecen países e industrias para ganar su favor.

No se debe otorgar más fe a estos sumos sacerdotes de los mercados financieros. Estos mercados no son fuerzas abstractas y oscuras. Son, ante todo, gente. Y para nada gente común. Son especuladores, grandes accionistas y multimillonarios. Poseen los bancos y fondos de pensiones que acaparan los pagos de la deuda pública. También instituciones financieras que juegan en el corto plazo, mediante fondos de inversión especulativa – los famosos hedge funds. Especulan con las compraventas diarias. Estas personas detrás de estos célebres fondos no son dueños y señores de fuerzas mágicas. Simplemente tienen ingentes sumas de dinero. Sumas enormes. Astronómicas. Para acceder a los fondos de inversión especulativos deben invertir al menos un millón de dólares. Aunque también se puede "entrar en el juego" si ganamos al menos trescientos mil dólares al año. Estos fondos no son entes míticos. Son los juguetes de millonarios en el casino-capitalismo. Y se hacen riquísimos jugando con las grandes empresas y con países enteros.

Los especuladores, usureros y grandes accionistas no tienen las pociones secretas del libro del Gran Pitufo, no obedecen a las fuerzas de la naturaleza. Siguen las leyes del sistema capitalista. Tienen interés en estas transferencias de abajo hacia arriba, en la transferencia de la propiedad pública a la privada, en la bajada del impuesto sobre bienes inmuebles y en el aumento antisocial del IVA que golpea indistintamente a todo el mundo, en la fuerte presión sobre los salarios, en el desmantelamiento de los sistemas de seguridad social. En otras palabras: los especuladores no especulan siguiendo una ley de la naturaleza o una palabra divina, especulan en su propio interés. Y actúan como agentes de la policía del sistema de los beneficios: golpean a los estados, obligándolos a reducir su seguridad social y su prosperidad. El ex presidente del Bundesbank, Hans Tietmeyer, aseguró que "los mercados financieros desempeñan cada vez más un papel de gendarmes. Los políticos deben comprender que, en adelante, se encuentran bajo su control."[21]

Pero si nuestros políticos están bajo el control de los mercados financieros, es porque quieren. Nada les impide a prohibir la especulación sobre los bonos del gobierno, los fondos inversión especulativa, la especulación a corto plazo. Y traer el sector financiero al control público. No es inevitable ser diminutos caniches obedientes en vez de comportarse como participantes de pleno derecho. Cuanto más presenten a los mercados como fuerzas imperceptibles y más se arrodillen prometiendo hacer todo lo posible para apaciguar a estos dioses, tanto más podrán golpear los especuladores a los Estados miembros de la Unión Europea. Ya que quien tiene miedo recibe los golpes, y son potentes.

 

Hay dos posibles enfoques

¿Cuánto tiempo durará este andamiaje sin desintegrarse? Depende de factores económicos y políticos. Dos caminos son posibles. El primero: el stablishment podrá continuar con la construcción europea con más autoritarismo, más restricciones y aprisionamiento.

En la cumbre de la Unión Europea de 26 de octubre de 2011 – la enésima "cumbre decisiva para el futuro del euro" -, se concedió a Grecia una reducción del 50% en sus obligaciones de deuda con los bancos. Los bancos europeos necesitan encontrar un capital de cien mil millones de dólares para asumir esta parte de la deuda - la mitad a través de bancos griegos. La fuerza de choque del Fondo de Estabilidad Europea (EFSF), también llamado "Fondo de Rescate" se elevó a un billón de dólares. Pero incluso este "bazuca" - el término es de Van Rompuy – pasó muy rápidamente a ser un fiasco, cuando los especuladores decidieron utilizar su artillería pesada en su siguiente víctima. ¿Grecia, que, en 2020, todavía se encorvará bajo el peso de la deuda pública de un 120% de su PIB y que, a causa de un ahorro masivo, se deslizará aún más en una depresión sin fin? ¿o Italia que, en 2012, se enfrentará a colosales amortizaciones, y que como la tercera economía más grande en la zona euro, pesa infinitamente más que Grecia?

Mucho dependerá de la lucha política entre partidarios y adversarios de la zona euro en su configuración actual. La lucha entre aquellos que cueste lo que cueste desean conservar este ámbito tal como está ahora– manteniendo a Grecia- y exponen a consecuencias impredecibles a la Unión Europea en tanto que potencia mundial. Es significativo que la zona del euro haya llamado a la puerta de China, con reservas aparentemente inagotables. Ante esta situación, cuarenta y ocho de los mayores patrones de Alemania y Francia, publicaron, el 20 de junio de 2011, un texto llamando a defender enérgicamente la fortaleza del euro. Abogan, a imagen y semejanza de la Mesa Redonda Europea, por una centralización más fuerte en los planes económico y financiero, dirigidos por las instituciones europeas y un Estado federal europeo. Y con este fin, la soberanía de los Estados miembros debe ser abolida, como expresa abiertamente la prensa financiera alemana: "Todos los caminos hacia la solución llevan a la cueva del tesoro de los contribuyentes alemanes. El gobierno federal debe negar el acceso o exigir a los países europeos a que renuncien a su soberanía.[22]"

Pero si el primer camino implica más autoritarismo, el segundo camino es la vuelta al nacionalismo. En esta lucha política, las contradicciones internas alemanas juegan el papel más importante. En su intervención ante el Parlamento alemán para elevar el Fondo de Ayuda Europeo a un billón de euros, Angela Merkel, sostuvo los argumentos de quienes luchan en defensa del euro en la Unión Europea. Y ganó - ¿de forma temporal? - con escasos votos dentro de su propia coalición. La oposición, sin embargo, gana terreno impulsada por Markus Kerber, Director General de la Federación de Industrias Alemanas. Kerber prefiere que el euro se limite a los países más fuertes de la Unión Europea, y abogó por una unión política de los países europeos a un ámbito reducido al noroeste de Europa. Presentó una demanda ante el Tribunal Constitucional alemán contra el Fondo de Ayuda Europeo, y otro en contra de Jean-Claude Trichet, por violar las reglas del Banco Central Europeo.

La oposición dentro de la UE va en aumento. Países fuertes como Alemania, Países Bajos y Finlandia no desean sostener los costos de las deudas de los pequeños. Alemania y Francia están en desacuerdo sobre si el BCE puede intervenir de manera activa. Los países que quedaron fuera del euro, como el Reino Unido, Dinamarca y Suecia, no quieren ser arrastrados a decisiones que afectan principalmente a los países de la zona del euro.

Aunque era una advertencia, sonaba más como una predicción, cuando Ángela Merkel, el 25 de octubre de 2011, dijo al parlamento alemán: "No es un hecho garantizado que Europa conozca aún cincuenta años la paz. Si el euro cae, Europa cae con él."

La competencia y la búsqueda del beneficio, el engranaje de la creación de la Unión Europea, despiertan una vez más al nacionalismo. En el estallido de la guerra contra Libia, pudimos observar cómo cada estado miembro importante de la Unión luchaba por el control de los 42 mil millones de barriles de petróleo y los 1,3 billones de metros cúbicos de reservas de gas. Los italianos estimulados por ENI (la compañía petrolera privada italiana), los franceses por Total y los británicos por BP y Shell. Cada gran potencia luchaba por sus intereses petroleros.

Más autoritarismo y nacionalismo instalarán aún más a la Unión Europea en el marasmo. Necesitamos otra vía, radicalmente opuesta a la de los especuladores y usureros.


Poner fin a la libertad de usura

Las hijas de Carlos Marx, una vez le preguntaron quién era para él el héroe más grande de la historia. Su respuesta fue Espartaco. Gladiador originario de Tracia, Espartaco hoy es un personaje de cine. En la época de Marx, sin embargo, su nombre apenas era conocido. En el 73 aC., huyó de Roma con un centenar esclavos y un carro lleno de armas. Se refugiaron en las laderas del Vesubio, donde, muy pronto, se les unieron muchos otros fugitivos. Un año más tarde, eran ciento veinte mil. Libraron batallas contra los romanos, con éxito. Pero en el 71 aC., fueron finalmente aplastados por las legiones de Craso. Espartaco murió con las armas en la mano. Seis mil de sus compañeros fueron crucificados a lo largo de los doscientos kilómetros de la Vía Apia, la gran carretera que unía Roma con el sur de Italia.

Espartaco en la serie de televisión, Sangre y arena, se parece a Jean-Claude Van Damme. La técnica cinematográfica de la película es perfecta; en cuanto al contenido, rebosa sexo y hemoglobina. Tras su combate en la arena, el gladiador que ha vencido espera la sentencia del Emperador: pulgar hacia arriba o hacia abajo, para decidir la vida o la muerte. El gesto repite el empecinamiento de Hollywood, que falta a la verdad histórica. En realidad, los pulgares hacia arriba indicaban que la hoja de la espada se desenvainase, y por lo tanto expresaba una señal de muerte. Si el emperador quería mostrar clemencia, otorgaba su gracia al ocultar su pulgar en la mano - un signo del filo de una cuchilla que se guarda en la manga. El pulgar hacia el suelo, en realidad, nunca existió.

Dejando de lado estas viejas historias. Sólo quiero evocar el poder de decisión del Todopoderoso que en un pequeño instante puede decidir entre la vida y la muerte, desencadenando una angustia terrible.

Dos mil años después, reina de nuevo la ansiedad propia de la espera vital. Tras cada cumbre nocturna, la radio nos despierta con el sonido de la voz de uno u otro periodista financiero que nos suelta el eterno - y tan predecible - estribillo: "mientras tanto hace falta esperar la reacción de los mercados financieros." Como si todo dependiese de la dirección del pulgar de algún Nerón. Como si los mercados tuviesen poder sobre la vida vida y la muerte ...

"Los mercados", reconozcámoslo, sin duda, suena mejor que "los especuladores." Si, en la radio, nos enteramos de que "ahora hay que esperar la reacción de los especuladores," todo el mundo entendería de inmediato lo que está en juego. Imaginemos también, que el día después de una decisión del gobierno, nuestros periódicos titulasen, “ahora se debe esperar la opinión de Deutsche Bank, BNP Paribas y ING Insurance sobre dicho acuerdo.”

La deuda externa pública de Portugal, Irlanda, Grecia y España están en manos de bancos, instituciones financieras y fondos de inversión. En sus tres cuartas partes en manos de financieros europeos. Son quienes orquestan el acceso a la fiebre de "los mercados" para aprovecharse al máximo de la situación. Los grandes inversores y especuladores de estas instituciones financieras se enriquecen cada vez más apostando como el póker con las deudas públicas, comprando y vendiendo, ejerciendo presión y provocando el pánico. En pocas palabras, especulando. El gobierno que no ajuste su ritmo al de los neoliberales no sólo recibirá un tirón de orejas de la Comisión Europea, sino que también se pondrá en el campo de tiro de los especuladores. ¿Los planes de austeridad de Italia o Portugal no son suficientemente drásticos? Pues bien, especulemos con sus obligaciones del estado, para que las tasas de interés aumenten... lo que significará un montón de dinero extra en nuestros bolsillos.

Mientras el mundo político y los medios de comunicación se arrodillen perezosos con un respeto ciego frente a esta maldición, nada va a cambiar. La dictadura de los mercados es la dictadura de la fracción puramente parasitaria de quienes detentan capital. Son los hedge funds, estos fondos de inversión altamente especulativos, que operan a un plazo ultracorto. Son los departamentos de inversión de los bancos, los inversionistas institucionales -compañías de seguros, fondos de pensiones- que han invertido mucho en las subprimes y otros "productos estructurados", oliendo los superbeneficios.

Frenar esta peligrosa especulación debería haber sido la cosa más natural del mundo. Y sin embargo no fue esto lo que sucedió, ni los Estados Unidos ni en casa.  La UE garantiza la libre circulación de capitales. Las transacciones financieras funestas también recibieron por tanto, el pase que les permitió entrar y contaminar el sector financiero europeo.

Sólo cuando este santo temor sea superado, por medidas simples pero drásticas, será posible hacer cantar en un tono más bajo a los extremistas financieros. Los mayores mafiosos deben estar fuera de juego y las prácticas más mafiosas debe ser erradicadas.

Para retomar de nuevo la situación, una triple prohibición debe aplicarse:

• prohibición de los hedge funds y los fondos especulativos,

• prohibición de los productos derivados y estructurados,

• prohibición de los productos de la especulación a corto plazo y la venta de
descubierto.

¡Prohibamos este comercio! Es la base para poner término a esta libertad de usura. 
Luego viene la segunda etapa. Muchas empresas especuladoras operan desde paraísos fiscales, donde no sólo no pagan impuestos, sino que también escapan a todo control. Es perfectamente posible tomar medidas contra todas las transacciones operadas desde estos paraísos fiscales.  Y los paraísos fiscales dentro de las fronteras de la Unión Europea también deberían estar prohibidos. Otras operaciones pueden ser fuertemente gravadas. La introducción de un impuesto sobre las transacciones financieras de todas estas operaciones es un mínimo.

Lo sé, sólo estas medidas para contener la especulación no resolverán la crisis. Tampoco van a remediar las desigualdades en Europa. Sin embargo, pueden dar más margen de maniobra para aquellos que quieren llevar estos temas a brazo partido.

Lo mismo se podría decir de la transferencia al sector público del sector financiero en todo el continente, o del impuesto europeo sobre los millonarios. Estos argumentos fueron desarrollados en la primera parte de este libro. Es posible, y es mucho menos devastador que el gesto de pulgar con el que los grandes bancos, especuladores y multimillonarios de hoy deciden el destino de millones de personas.

 

La cooperación y la solidaridad para reemplazar a la competencia y la desigualdad

La competencia y la búsqueda del beneficio en el libre mercado son la base de este sistema y de la Unión Europea. Se inscriben en los textos fundamentales de la Unión Europea. Pudren y sofocan todo. Medidas drásticas tales como el impuesto sobre los millonarios deben suministrar oxígeno de emergencia con el que podamos respirar más libremente. No para maquillar nuevamente esta construcción basada en la competencia o para dar una nueva capa de pintura a los desequilibrios del edificio. Necesitamos otras fundaciones. La solidaridad y la cooperación deben sustituir a la competencia y la desigualdad. Esto implica una Europa muy diferente, un continente cuyo nuevo comienzo empiece con la cancelación de las deudas públicas y un reparto de la riqueza totalmente diferente. Un continente donde las áreas del sistema que son demasiado grandes para caer ("too big to fail")[23], se pongan en manos de la sociedad en su conjunto. Un continente en el que los servicios colectivos y las empresas se orienten hacia la satisfacción de las necesidades de la población, de manera que esta usura, los comportamientos parasitarios y las actividades especulativas puedan ser atacadas de manera estructural. Hablamos de una Europa socialista, un socialismo 2.0, sobre el que formularé algunas proposiciones a debatir en el último capitulo de este libro.

 


[1] Tratado de Fundación de la Comunidad Económica Europea, 1957, preámbulo, §3.

[2] Johan Van overtveldt, « is de systeemcrisis nu begonnen ? », Trends, 11 julio 2011.

[3]Citado en Henri Houben, « les étapes de la construction européenne : vers un état européen ? », Études marxistes, n°57, Bruxelles, enero-marzo 2002, p. 23.

[4]Citado en « dossier interne markt. deel 1 een visie voor de interne markt », www.eu4journalists.eu, p. 1.

[5] Karl Marx y Friedrich Engels, El Manifiesto del Partido Comunista [febrero 1848], aden, Bruxelles, 2011,p. 54.

[6] Peter Mertens, « La clase obrera en la era de las multinacionales », Études marxistes, n°72, octubre 2005. (http://www.jaimelago.org/node/7)

[7]Citado en Henri Houben, « les étapes de la construction européenne : vers un état européen ? », art. cit., p. 35-36

[8]European Round table, Rapport, Bruxelles, septiembre 1991, p. 46.

[9]Ludo Martens, « l’europe impérialiste aiguise ses armes », Bruxelles, 1er mayo 1989.

[10]Frankfurter Allgemeine Zeitung, 6 diciembre 2008.

[11]Citado en Henri Houben, « les étapes de la construction européenne : vers un état européen ? », art. cit., p. 41.

[12]Andreas Wehr, op. cit., p. 65.

[13]Euro-Stop, informes y debates, 11 diciembre 1993.

[14]Andreas Wehr, op. cit., p. 132.

[15]« Zeventig economen : Met deze eMU kiest europa de verkeerde weg », De Volkskrant, 13 febrero 1997.

[16]Frankfurter Allgemeine Zeitung, 24 diciembre 2008.

[17]Merill lynch Wealth management, World Wealth Report 2011.

[18]ERT, Rapport, septiembre 1991.

[19]Jan luiten van Zanden, « de zegeningen van die vervloekte euro », NRC, 11 junio 2011.

[20]Citado en John Vandaele, « Het onnavolgbare duitse model », MO* magazine, mayo 2011, p. 31.

[21] Citado en Eduardo Galeano, Sens dessus dessous, Homnisphères, Paris, 2004.

[22]« Scheitert europa ? », Handelsblatt, 19 agosto 2011.

[23]« Too big to fail », « demasiado grandes para caer » es un concepto económico que describe la situación de una institución financiera a la que se juzga demasiado importante como para que su eventual caída pueda suceder sin que ocasione graves daños a la economía en su conjunto. En consecuencia una empresa « too big to fail » normalmente es reflotada por los poderes púbicos para evitar su quiebra. Por esta razón, por ejemplo, el banco Fortis fue rescatado por el Estado belga en el otoño de 2008.